sábado, 9 de abril de 2011

Close Your Eyes. Open Your Mind, Not Ready.

Justo el momento donde deseas que todas estas cosas no estuvieran pasando, cierras tus ojos tapas tus oídos hasta simplemente quedarte dormida y no escuchar más a tu alrededor.

Un lugar solitario donde no ves más que un cielo nublado, y montañas sin fin. No ves a nadie, simplemente pájaros que no tienen a donde ir. Estás sola en un sitio que no sabes ni siquiera como fuiste a parar allí. Es tu imaginación.

Un mundo fuera de problemas, gritos, exámenes, un mundo donde no tendrás de que preocuparte... O eso supones. Caminas sin rumbo hasta ver una ciudad gigante, no es una ciudad normal, personas extrañas caminan hacia ti, tú no sabes que hacer simplemente te alejas poco a poco. Hasta que chocas con alguien que se encuentra detrás de ti, te dice que corras, que lo sigas, estarán a salvo, sólo... Corre tras de él...

Correr sin mirar hacia atrás, es lo único que podías pensar, no le veías la cara a esa persona, no la reconocías, no sabías quien era, pero sabías que en algún momento lo descubrirías. Después de tanto maratón, no quedaba más que esconderse en aquella cueva solitaria, tirarse en el suelo y respirar lo más profundo que pudieras era lo único por hacer. Tratar de adivinar como despertar tu mente, ya era suficiente no podías soportar un minuto más allí, hasta que esa persona que corrió contigo te dio la cara, tú lo primero que hiciste fue mirarlo a los ojos.

Sus ojos eran entre verdes y azules, eran hermosos, era la única luz que podías notar en esa cueva. Tenía una capa que lo cubría todo, se destapo pudiste ver su cara por completo, su pelo era marrón que le hacía resaltar sus ojos, tenía un corte verdaderamente hermoso. Simplemente era perfecto. Era la única opción de nunca querer despertar de aquel sueño. 

Te acompaño hasta el final del camino, hasta llegar a una cabaña que estaba cerca. Te pregunto si deseabas algo de comer, tú dijiste que sí estabas hambrienta, el te sirvió una taza de chocolate caliente y un sándwich. Le agradeciste ya que no habías comido nada. 

Llego un momento en que se sentó contigo en la mesa, te dijo que se llamaba James, tú no hiciste más que también darle tú nombre. Ya era tarde, era tiempo de despertar, pero no podías; estabas tan infiltrada en el sueño que no podías ni sabías como despertar. No quedo más que dormirte en aquel sofá, cómodo pero a la vez incómodo, un sofá viejo, un poco roto, pero no quedaba más. James ofreció su cama, y el durmió en el sofá. Tú pensabas en como podías despertar. Pero te diste cuenta... Ya no podías despertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Just Listen